“… no se puede admirar lo
suficiente la sutil belleza de los
análisis ofrecidos por la obra de
(Maurice) Merleau-Ponty sobre
esta encarnación original del
espiritu donde la Naturaleza revela
su significado en los movimientos
esencialmente significantes – es
decir, expresivos; es decir,
culturales – del cuerpo humano,
que van del gesto al lenguaje, al
arte, a la poesía y a la ciencia:
donde la Naturaleza revela su
significado (¿ o su alma?) en la
Cultura.” señala Emmanuel
Lévinas en su texto de 1983 De la
intersubjetividad. Notas sobre
Merleau-Ponty.

¿Cómo no pensar aquí en la música,
en la naturaleza que se expresa en la
música a través el cuerpo humano – el
cuerpo del compositor, del interprete y
del público?

Como el objeto del músico, la música
está encarnada en su cuerpo y, de
vuelta, su Ser se vuelve música. La
sombra del músico es su música
encarnada; en su cuerpo se despliega
el drama de la música. Se volverá
también su propio drama. « Somos
como los elementos de una sola
intercorporeidad » escribía Merleau-
Ponty dans El filósofo y su sombra en
el libro Signos al referirse a la mano
de uno tocando la mano del otro.

Cuando el otro escucha mi música,
“somos elementos de una sola
intercorporeidad”.

No hay contacto físico evidente entre
el uno (el músico) y el otro (el público).
En sí la música no pertenece a un
mismo cuerpo sino que crea un mismo
cuerpo, un tercer cuerpo. El
compositor se entrega al otro en el
futuro del tiempo. En este futuro el
público responderá con dedicación. La
música es entonces la aproximación a
lo otro. Vemos aparecer aquí una
doble relación ética en el respeto de la
diferencia – incluso si yo soy en él, no
absorbo al otro. El otro permanece
irreductible.
La consciencia musical

Prólogo
En el mismo texto el autor continúa :  
"al reproducir el pensamiento de otro
lo hago con mis propios pensamientos:
no es un fracaso de la percepción de
este otro, es la percepción misma de
este otro.” Podríamos creer que
Merleau-Ponty se refería a los
intérpretes al servicio de compositores
y de la música.

Todo en la música y en el cuerpo
humano es sentir y sentido, vida,
acción, movimiento, energía; todo es
evolución, nada es permanente.

Mi idea es ofrecer en estas páginas
una introducción al tema de la
conciencia musical, un tema sobre el
cual pocos filósofos, psicólogos,
científicos y músicos hasta ahora han
reflexionado y que ha constituido
desde varios años el centro de mis
cursos.

Los capítulos siguientes pueden
parecer, a veces, audaces,
comprometedoras e incluso
subversivas. Se me podría reprochar
pensar en orden disperso y no de
forma sistemática, desafiar al diablo,
llegar a los límites, cazar furtivamente,
merodear incluso. Quiero simplemente
atravesar las fronteras de las
diferentes disciplinas – filosofía,
neurociencias, filosofía de las
neurociencias, neurofilosofía (la
ciencia sin el pensamiento filosófico
está incompleta  [1]), - negar el
conformismo institucional – salir de la
totalidad, evitar la racionalidad
totalitaria, no entrar en la filosofía
académica– enfrentar los problemas.
Y sobre todo, hacer preguntas.

Ya sea: espíritu versátil,
antidogmático, francotirador del
pensamiento – pero pensar, ¿no es un
gesto solitario? No aspiro a un sistema
filosófico rígido sino más bien a dibujar
una constelación por medio de una
serie de preguntas. No soy seguro que
tenemos la capacidad de preguntar las
preguntas correctas. Las respuestas
propuestas, así sean limitadas,
permitirán (lo esperamos), la apertura
de debates y futuras reflexiones.
Confiemos también en que todas estas
respuestas constituirán albergues
hacia una nueva constelación del
conocimiento a la cual aspiramos.
Encontrar los correlatos neuronales
de nuestros estados mentales no
es suficiente!   No debemos tener
una fe ciega en la ciencia. No se
trata aquí de un acto de fe. Sin
embargo, retomaremos aquí varias
teorías científicas sobre la
consciencia, en particular las de
Gerald Edelman, Bernard Baars,
Giulio Tononi, Antonio Damasio y
Jean-Pierre Changeux. Me
inspirare también de las
enseñanzas filosóficas de
pensadores como Buddha, Aristote,
Edmund Husserl, Ludwig
Wittgenstein, H.G. Gadamer, Paul
Ricoeur, Emmanuel Levinas,
Jacques Derrida…

Este conocimiento al cual
aspiramos es el hecho de un nuevo
Sujeto. Este Sujeto vive hoy en un
movimiento constante sin el apoyo
de una estructura interna
fundamental (que creíamos
inmutable). Está confrontado a las
astillas de esta estructura ausente
como si éstos fueran los pedazos
de un espejo quebrado que refleja
su vida y su época – y entonces
todos los pasados. La música
atonal y la literatura posmoderna
dan cuenta de la ruptura de lo
lineal de esta estructura. Pertenece
a la música, la que sea, y al arte en
general, instaurar una armonía
interior a fin que estos pedazos no
se transformen en restos, en ruinas.
_________________________
Home
Back to Open access