La Gaceta del FCE. Bogota. Colombia.
De paseo por Mambolandia y sus
alrededores
Hugo Chaparro Valderrama
Clarín.
Buenos Aires. Argentina.
Caliente! Una historia del jazz latino
Un jazz de timbales y bongos.
Sergio Pujol
Al afirmarse como estilo, el jazz latino debió
superar las sospechas contrapuestas de
exotismo y tautología. Lo primero, porque
cada vez que la mirada norteamericana se
posa sobre lo latinoamericano -aunque se
trate de algo tan próximo como lo caribeño-
se enciende la luz roja de la falsificación. Y lo
de la tautología tiene que ver con un hecho
tan directo como misterioso: una vez, en la
mítica Nueva Orleans, el acento
hispanoamericano se coló en la trama
ancestral del jazz. Desde entonces, como
bien lo supo Jelly Roll Morton, todo el jazz,
más allá de épocas y modalidades, ha
tenido algún que otro matiz latino.
Luc Delannoy es una autoridad en la materia
y la historia que narra es, en algún sentido,
inédita. Aunque '¡Caliente!' no es el primer
abordaje a la génesis y evolución de la
aventura latina en el territorio del jazz, se
trata sin duda del más claro y completo
estudio sobre la relación de los ritmos
afrocubanos con la música negra de
improvisación. Delannoy logró superar los
dos prejuicios antes señalados. Su historia
no es exotista ni obvia. Plantea la
complejidad de una genealogía, pero
también fija fechas y clasifica nombres y
grabaciones fundamentales. En su parte
más sustanciosa ("El reino afrocubano"),
Delannoy nos vuelve a contar -esta vez con
más información- la historia de los cubanos
Mario Bauzá, Machito y Chano Pozo en
Nueva York. Ellos volcaron la rítmica de la
isla sobre los moldes del bebop,
sembrando en jazzmen como Dizzy Gillespie
la inquietud de lo latino. El historiador
examina los detalles de un intercambio
fabuloso, que tuvo en Spanish Harlem de
Manhattan su epicentro y en las décadas del
40 y 50 su época privilegiada. Allí, las
comunidades cubana y puertorrriqueña
convivieron con la comunidad negra. Los
músicos de El Barrio "entraron" al mundo
americano a través de la música más
excitante. Y lo que empezó siendo un
experimento rítmico y percusivo -timbales,
bongós y congas invadieron los escenarios y
los estudios de grabación-, cristalizó en una
auténtica manera de hacer jazz. ¿O acaso no
es eso lo que escuchamos en los discos de
Tito Puente, Arturo Chico O'' Farrill o Paquito
D''Rivera?
Delannoy va más allá del eje fundacional.
Recorre distintas instancias, de la rumba al
mambo y de las descargas instrumentales a
las variantes más comerciales. Llega hasta
las puertas del nuevo siglo, cuando las
culturas musicales de Cuba y los EE.UU. ya
piensan en replantear sus relaciones, a la
luz de un futuro sin tantas restricciones
políticas e ideológicas. También analiza el
efecto rebote del jazz latino: eso que los
cubanos de Cuba hicieron a partir del jazz.
Ampliando el concepto de lo latino, también
hace referencia a otros mestizajes (de la
Argentina, Leandro Gato Barbieri es el gran
protagonista, aunque Delannoy reconoce
que el saxofonista no encaja exactamente en
el casillero del jazz latino) y no deja sin tratar
el problema de la salsa, ese híbrido tan
cuestionado y poderoso. Finalmente, la
bossa nova y el jazz flamenco emergen
como temas aledaños, que se tocan un
tanto lejanamente con la clave cubana (ese
patrón rítmico de cinco golpes en dos
compases).
Para Mario Bauzá, un "histórico"de la
trompeta y el clarinete, el son cubano y el
jazz son ramas de un mismo árbol de raíz
africana. Sobre esta idea, Delannoy revisa
los diversos contactos entre esas ramas. Y
al hacerlo, ejercita el arte de la reescritura.
La lectura de '¡Caliente!' nos sumerge así en
una sensación de 'déjà vu': al rastrear las
pistas del jazz latino volvemos a toparnos
con una historia conocida, pero ahora
contada desde otro sitio y con otras fuentes.
Clarín.
Buenos Aires. Argentina.
Caliente! Une historia del jazz latino.
Fervor por la mezcla. Cruce de historia
musical con política, un memorable repaso
de todas la variantes del jazz latino
Mariano Valerio
Una historia del jazz puede conformarse con
ser una simple acumulación de fechas,
nombres, grabaciones y alguna anécdota, o
bien elegir el camino más difícil y leer a
contrapelo un devenir que se pretende
espontáneo y puramente lúdico. Y ése es el
camino que recorre Luc Delannoy
-ciudadano belga residente en Nueva York,
poeta y autor de otros ocho libros sobre jazz-
con '¡Caliente! Una historia del jazz latino',
libro que puede incluirse en la categoría de
"historia política": que su objeto sea el jazz
"latino" pone en evidencia una clara toma de
partido.
Delannoy acentúa la amplificación del
carácter subversivo y dinamizador que lo
latino tuvo sobre el jazz. Básicamente: un ida
y vuelta entre las estructuras armónicas y
melódicas del jazz improvisadas sobre una
sección rítmica afrocubana. El secreto,
según el autor, se encuentra en el ritmo
entendido como "testimonio de una cultura",
como una forma particular de utilizar el
tiempo y el espacio. De ahí, entonces una
primera parte del libro que se detiene en el
germen afroantillano y en su circulación vía
el tráfico de esclavos entre Africa y una
Nueva Orleáns.
La consolidación del jazz latino de la mano
del imperio de lo afrocubano es la segunda y
más sabrosa parte de '¡Caliente!'
Una detallada crónica que pone el acento en
la conformación de aquello que Delannoy
define como "el triangulo de oro" con un
vértice ocupado por Mario Bauzá y Francisco
"Machito" Grillo, responsables de insertar el
jazz en Cuba; otro por Chano Pozo y Dizzy
Gillespie, con la misión opuesta; y el tercer
vértice sostenido por Arturo "Chico" O'Farrill,
con quien el jazz latino "logra por fin ser una
auténtica fusión, y deja de ser una simple
superposición de ritmos afrocubanos y
solos de jazz". Más allá de nombres propios,
esta segunda parte del libro pone en
contexto el jazz latino en su estrecho vínculo
con las idas y venidas político-sociales de la
convulsionada segunda mitad del siglo XX.
Cuba, EE.UU., el jazz y lo latino después de
la Revolución; los conflictos entre las
minorías latinas; los saqueos de derechos
operados desde los sellos norteamericanos
contra músicos cubanos; la presión del
castrismo sobre los artistas y su incidencia
en los estados de ánimo de la pianística
cubana: traiciones, amores, deserciones y
demás entremeses. Antes de una completa
y detallada discografía, cierra el libro una
zona en la que se degustan otros sabores
afrolatinos en una breve recorrida que
incluye a Colombia, Perú, Uruguay y la
Argentina.
Más allá del fervor que destila '¡Caliente!' y su
aire de batalla, hay algo que queda claro:
'mixture is the future'.
La Nación.
Buenos Aires. Argentina
Carambola
Formas del jazz latino
Pablo Gianera
En 1947, el trompetista Dizzy Gillespie convocó a su big
band al percusionista cubano Chano Pozo, recién
llegado a Nueva York desde La Habana. Los temas que
grabaron juntos ("Cubana Be", "Cubana Bop" y, sobre
todo, "Manteca") inauguraron la superposición de la
sintaxis del bebop con los ritmos afrocubanos y, para
muchos, son el acta de nacimiento del jazz latino. La
verdad es que antes, en 1942, Machito había tocado en
el club La Conga de Manhattan. Y tres años después,
todavía en Cuba, Arturo Chico O'Farrill empezaba a
componer su primera gran obra: 'The Afro Cuban Jazz
Suite'. Desde esos inicios plurales, rondó la indecisión
sobre si el jazz latino era un género con reglas propias
o un estilo en el interior de un género. El musicólogo
belga Luc Delannoy abre 'Carambola. Vidas en el jazz
latino' con una observación que asume plenamente
esta naturaleza a dos aguas: el jazz latino es una
música en encrucijada y definida por el hibridismo.
Uno de los méritos de Delannoy es haber logrado que
ese rasgo definitorio del género -el mestizaje- ordene
este libro prismático cuya organización se funda en una
errancia por territorios, voces y tiempos. 'Carambola'
entrega el negativo de una música de apariencia
fácilmente seductora y muestra que, por detrás de la
versión fiel, aunque más bien turística, de 'Calle 54' -la
película de Fernando Trueba-, el jazz latino constituye
un fenómeno complejo y facetado que excede la suma
de unos pocos nombres estelares. Delannoy no
pretende aquí escribir una historia del jazz latino (lo hizo
en 'Caliente', su libro anterior) sino iluminar algunos
nudos estéticos y sociológicos que definen el
problema, aunque no omite la instancia narrativa, tal vez
porque, como señala, "el jazz latino se puede escuchar
como una gran novela de aventuras, en donde se
mezclan y resuenan los descubrimientos, las
conquistas, los romances, las pasiones, las traiciones".
Blindado con un poderoso aparato teórico (de Jacques
Derrida a Theodor W. Adorno pasando por Hans-Georg
Gadamer) y la dosificación oportuna de decenas de
entrevistas con músicos y críticos, el autor estudia los
modos en que la realidad social se incrusta en el
centro mismo de esta música y, en cierto modo,
también la constituye. Pasan entonces a primer plano
las identidades (nacionales, nómades, de género) y las
consecuencias del escenario posterior al 11 de
septiembre sobre las políticas migratorias y los nuevos
modos de circulación, que con el tiempo terminarán
modificando el estatuto estético del disco en cuanto
obra. Felizmente inmune a cualquier pretensión
conservadora, el libro se permite postular incluso la
emergencia conjetural del "latin free jazz", única
alternativa posible para preservar la sorpresa del
género y sus líneas menos complacientes.
Para Delannoy, el jazz latino no es una simple música
con color local o sabor étnico. El título del libro procede
del último disco de Chico O'Farrill, músico que
consiguió una de las experiencias más exitosas de
auténtica fusión y que ocupa para Delannoy el centro
del canon del jazz latino. O'Farrill es de algún modo el
epítome de la condición infecciosa de este estilo nacido
de la contaminación y, a su vez, altamente
contaminante. Así, por ejemplo, Tito Puente pudo
apropiarse de un tema de Benny Golson y latinizarlo. Y,
en la dirección contraria, está "Afro Blue", el clásico de
Mongo Santamaría que grabó Gillespie, cantó Abbey
Lincoln y John Coltrane convirtió en un vehículo
ejemplar para su saxo soprano. Pero si el término 'jazz
latino' sugiere que, antes que latino, es jazz, para
Delannoy, en cambio, antes que jazz, parece ser latino.
Cuando explora las aleaciones y avatares regionales
de este lenguaje más allá de Cuba y Estados Unidos,
el libro tropieza con un contratiempo metodológico: la
delimitación de su objeto. En el caso de la música
argentina -cuyo censo es limitado-, no basta con
invocar los comunes antecedentes africanos para
inscribir al tango en la tradición del jazz latino, así como
la recurrencia de algunos pies rítmicos no explica el
eventual swing de una chacarera.
'Carambola' no es un texto que se resigne a las
arideces de las estadísticas y las cronologías. Por el
contrario, funciona como una memoria urgente del
género y se sitúa en el filo entre el documento
testimonial y la musicología. Aun con sus inevitables
parcialidades, cumple con uno de los imperativos de la
más solvente historiografía sobre jazz: que el examen
del pasado sea, en el mismo movimiento, una
interpelación al presente.
La Nación.
Buenos Aires. Argentina.
Visita a la memoria de las minorías.
César Pradines
Si bien el jazz atraviesa un momento de cierta plenitud
artística, dada más por la variedad de propuestas que
por alguna de sus individualidades, la investigación
parece haber quedado detenida en el tiempo. En algún
período que podríamos definir como posjazz-fusión.
Concretamente, en la bibliografía jazzística, más allá de
los innumerables volúmenes que repasan biografías,
faltan posiblemente relecturas o una nueva mirada
sobre un género que tiene una llamativa
correspondencia sociológica entre el artista y su
circunstancia.
El escritor y pensador belga Luc Delannoy, autor de
'Caliente' y del recién editado 'Carambola: Vidas en el
jazz latino', ambos del Fondo de Cultura Económica,
estuvo en el país con motivo de la presentación de este
trabajo.
En diálogo con La Nación, Delannoy admitió que en su
adolescencia lo que más le llamo la atención del jazz
fue su diversidad. "Sentí que era una música que
reflejaba con claridad diferentes raíces, tanto las del
compositor como las del intérprete", explicó.
Estudiante de música y de filosofía, viajó a los Estados
Unidos, donde se encontró de cara con el jazz de
Nueva York y con su versión latina, lo cual le produjo
una honda impresión.
Su trabajo refleja una mirada que profundiza sobre las
identidades musicales y ese afán de integrar en un
género, o mejor dicho, a través del arte de la música,
identidades múltiples que surgen espontáneamente.
César Pradines 2
Su 'Carambola...' toma a través del contacto
con diferentes artistas, entre ellos los
argentinos Lilian Saba, Fernando Huergo y
Willy González, el proceso de construcción de
la identidad musical, en este caso en un
género absolutamente integracionista como el
jazz, y explica así la reorientación de las
tradiciones que éste conlleva.
A la manera de Jacques Derrida, filósofo de la
deconstrucción, señala que el jazz latino
cuestiona la autoridad de las tradiciones sin
negarlas, porque las reelabora para construir
otro esquema de jerarquías.
Dijo que en Nueva York nadie recuerda que las
influencias del jazz provienen de un sinnúmero
de influencias, como la francesa, la latina, la
española y la de la cuenca del Caribe. "Hoy,
muchos pueden creer que el jazz es
norteamericano", y agrega: "Es lo más vicioso
que le podría pasar, no mencionar el
patrimonio riquísimo que tiene el jazz en su
génesis", explicó Delannoy.
En su libro, este especialista en jazz latino se
sumerge en historias que tienen como
protagonistas a Max Roach, Bebo y Chucho
Valdés, Chico O'Farrill, Paquito D'Rivera, Natt
Hentoff, Jerry González, Arturo Sandoval, Eddie
Palmieri y Lalo Schiffrin, entre otros.
Un trabajo de excelente calidad que nos
permite abrir una puerta no tan conocida dentro
del mundo del jazz y que nos reúne con la
importancia de desarrollar una identidad
musical.
what the say - just a little bit
|